Fuertes y Robustos
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TEMA: Re: Regresando al Gym
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ernest_one23 (Usuario)
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Género: Hombre Fecha de nacimiento: 1987-11-24
Regresando al Gym 1 Año, 9 Meses ago  
Un relato que se me ocurrió cuando regresaba del gimnasio, es el primero y sé que no soy un gran escritor, contiene partes que tal vez no les parezcan agradables a todos. Los que gusten, espero que lo disfruten.

Estoy por cumplir 24 años, y hoy, después de 4 meses, decidí regresar a las pesas. Siempre he sido delgado pero por influencia de mis amigos había asistido un tiempo al gimnasio, sin muchos resultados en cuanto a mi forma, pero sentía que estaba en mejor condición y con más fuerza; de cualquier manera, mi verdadero interés eran los demás, ver cuerpos más grandes y marcados que el mío, ver cómo se hinchaban por el peso que cargaban y revisar el progreso de los otros, imaginarme un antes y un después, eso siempre me ha gustado; pretender que crecen con cada repetición y sus músculos se ponen más grandes y duros cada vez. Eso sólo provocaba en mí deseos de tocar sus cuerpos, apretar sus hinchados brazos y abrazar sus torsos con mucha fuerza.
Hoy visité un nuevo gimnasio, cerca de mi apartamento, no había prestado mucha atención a las instalaciones que no estaban en óptimas condiciones, todo fue por comodidad. Me recibió el instructor del turno matutino, un hombre de estatura promedio con músculos impresionantes, de piel morena y tatuado, con una actitud amable, casi coqueta (quise creer) me entrevistó para el formulario de inscripción.
-Estatura?- Me preguntó.
-1.83 m- Dije yo.
-Peso?
-Más o menos 80 Kg.
Sentí su mirada, inspeccionando mi figura, no había mucho de que impresionarse pero vi que sonrió, como planeando algo o tal vez esté interesado en los de mi tipo.
-A qué hora piensas venir?- Preguntó.
-Por la tarde, más o menos a las 7.
-Ok, yo soy encargado por las mañanas pero cuando vengas pregunta por Miguel, él será tu instructor.
Firmé la hoja y él tomó una tarjeta en la que anotaba mis datos, me quedé viendo sus brazos, como si al escribir se movieran por sí mismos, abultándose por debajo de su ropa y sus venas latiendo por la presión.
-Es todo- Me dijo.
Yo estaba ocupado viendo sus grandes pectorales saltando debajo de su camiseta que apenas los contenía, cuando subí la vista y agradecí. Tal vez notó mi mirada pero no dijo nada. Su actitud fue servicial y no sentí rechazo ante mi interés, aunque no esperaba ligármelo en ese momento.
En el camino a casa recordé su mirada, que interpreté como de atracción y pensé en su cuerpo (o lo poco que vi de él), de años de trabajo con las pesas, seguramente una buena alimentación y suplementos; de esas personas que viven para hacer crecer su cuerpo y no pierden oportunidad para flexionar sus brazos frente al espejo y masajear sus músculos con un placer casi sexual. Imaginé mis manos sobre su pecho, sintiendo las contracciones de sus pectorales por separado, empujando con fuerza y apreciando su dureza, como una roca, pasaría mi mano entre ellos y él los apretaría, atrapando mi mano entre esos grandes pedazos de carne. Después pensé en sus brazos, separados de su torso, los tocaría primero relajados, mis manos no son suficientes para rodearlos, él flexionaría primero sus tríceps, que parecen impresionantes pero lo que esperaba era sentir sus bíceps, llenos de venas saltando por la presión, lo imaginé, una enorme masa adherida su brazo, cuando lo flexione sería como ver una montaña levantándose, una gran roca separada de su antebrazo, terminando en una punta perfecta, unos brazos capaces de levantarme sin esfuerzo.
Al llegar a mi casa era inevitable calmar mi erección, me dirigí directamente al baño para masturbarme, terminé como un campeón.
Por la tarde ya estaba más calmado, traté de no pensar en lo que me encontraría porque sería muy incómodo llevar la cabeza cargada de imágenes eróticas. Me recibió Miguel, el instructor de la tarde, su carácter era completamente diferente al del otro instructor, del que no he sabido el nombre. Le conté que era mi primer día pero no hizo preguntas, me indicó que comenzara con el calentamiento. Pasó frente a mí mientras estaba en la bicicleta, vi que era más bajo que el otro pero con músculos más grandes, aunque menos definidos; su pecho resaltaba más que lo demás, apenas podía mover los brazos por el tamaño que tenían y sus piernas empujaban la tela de su pantalón. Traté de que no me sorprendiera mirándolo, podía sentirse agredido y no soy de las personas que gustan de forzar las cosas.
Terminé mi calentamiento y Miguel me llevó a los aparatos de fuerza, me explicaba cómo usar cada uno como si fuera mi primera vez, él no sabía que ya me eran familiares pero preferí ver sus demostraciones y disfrutar el espectáculo, siempre calmado para no ser delatado por una erección. Vi sus gruesas piernas, creciendo con cada repetición, abultándose todavía más dentro de su ropa, después su pecho que no creí que pudiera verse más grande, se levantaban como inflándose cada vez más, atrapando la tela de su camiseta entre ellos. Todo su cuerpo parecía hincharse, provocándome a tocarlo, pero me dominé. Miré a otro lado para distraerme, ya no me era posible contener lo que crecía en mis pantalones. Había un grupo de 3 acompañándose en su rutina, eran dos chicas y un muchacho, de no más de 20 años y con cuerpos delgados; pude ver a otros dos, eran hombres que evidentemente llevaban tiempo levantando pesas, uno joven de piel blanca y músculos más o menos grandes pero sin definir, aprovechaba cada momento para verse al espejo y flexionar discretamente sus brazos, el que lo acompañaba era un hombre mayor, de unos 40 o más pero con un cuerpo muy grande y definido, sentí su mirada en ocasiones pero no presté mucha atención a sus brazos porque podía excitarme de más.
Durante mi rutina le perdí el rastro a mi instructor, pero fijé mi atención en el hombre mayor, que llevaba una p_layer_a ajustada a punto de romperse por lo grande de sus músculos que después de un rato se hincharon, mostrando venas por todos lados, sus brazos eran perfectos. En un momento fui a beber un poco de agua y ahí estaba el hombre, masajeando sus brazos después de algunas repeticiones, me saludó con una sonrisa amable y contesté torpemente, le hubiera pedido que me mostrara sus músculos en ese momento y terminaríamos en un encuentro sexual, del que seguramente saldría satisfecho por el simple hecho de haber recorrido su cuerpo con mis manos.
Mientras imaginaba todo esto, noté su mirada hacia mi entrepierna, no se podía ver tanto mi excitación porque mi ropa interior era ajustada, pero al volver los ojos hacia mí, noté que sonrió de nuevo. Y con los ojos apuntó en dirección a los vestidores. Pensé que era una invitación, pero no hice caso porque probablemente era mi imaginación, así que seguí con la parte final de mi rutina mientras él se dirigió a cambiarse.
Era mi primer día, no conocía a nadie en ese lugar así que no tenía mucha reputación que perder si me atrapaban echando un vistazo. Caminé hacia los vestidores y ahí estaba el hombre, solo y usando solamente su camiseta y ropa interior, sentado y viendo hacia el acceso como esperando a que alguien llegara.
-Es tu primer día?- Me preguntó.
-Sí, ya tenía rato sin entrenar, estoy molido- Contesté como si nada.
-Así pasa, ya te acostumbrarás- Mientras dijo esto estiró sus brazos y luego los pasó detrás de su cabeza, lanzando su torso hacia adelante y dejándome ver lo grande que eran sus pectorales; después vi como los flexionó y los masajeaba con su mano.
Cuando vi sus piernas, noté las pantorrillas más grandes que jamás vi, muy definidas y cubiertas por venas que eran tan gruesas como un lápiz.
-Nunca había sentido mis músculos tan duros- Dijo.
Sólo pude articular un “De verdad?”, me dejó impresionado su comentario, que coincidía con lo que me pasaba por la mente en ese momento.
-Mira, toca mi pecho, está durísimo.
Reí de forma nerviosa pero no me moví de donde estaba.
-Anda, es que estoy impresionado, no había sentido algo así antes.
Acepté y mientras me acercaba, sus pectorales se levantaron, casi llegando a su barbilla y formando algo que sólo había concebido en mis fantasías.
Toqué con un dedo la punta de lo que sería una verdadera piedra pegada a su cuerpo. Mantuvo los pectorales flexionados y tomó mi mano con la suya obligándome a sentirlo por completo.
-Aprieta, está durísimo- Agregó.
-Como piedra- Dije con un tono nervioso, ya sentía que en mis pantalones se cocinaba algo y estaba a punto de reventar.
Mi mano duró un buen rato en su pecho, sólo podía imaginarme su cuerpo pegado al mío, sus brazos apretándome contra él y mis brazos apenas llegando a su enorme espalda, mientras su pecho se movía entre nosotros, endureciéndose y después relajándose, empujándome de forma inevitable.
Por fin me dejó soltarlo pero para entonces, ya había una mancha en mis pantalones, no podía evitar excitarme ante tal escena. Él lo notó, sentado donde estaba y yo de pie, levantó su mano y apretó mis 18 centímetros que ahora estaban en apogeo. Me quedé mudo, de hecho casi no había hablado pero si hubiese intentado decir algo en ese momento, las palabras simplemente no saldrían.
Asimilé la situación, aunque seguía incrédulo de que todo hubiera pasado así, sin introducciones, sin explicaciones. Él flexionó el brazo, que se levantó aparentemente al doble de su tamaño; empujando la manga de la p_layer_a hacia el hombro su bíceps emergió para que yo lo tocara. Intenté rodearlo con mis manos pero mis dedos nunca se encontraron, me limité a apretarlo como pude y a sentir el bombeo de sus venas sobre lo más duro que he sentido.
No creía lo que estaba pasando, además de todo era casi seguro que nos atraparían pero cuando me asomé al exterior, todos estaban en lo suyo. Él se levantó y cerró la puerta, dejando el espacio sólo para nosotros.
Entonces me mostró sus piernas, no las había trabajado ese día pero eran impresionantes, si supiera el nombre de cada músculo lo describiría porque podían notarse a la perfección, cada detalle que la piel no podía ocultar. Este para de troncos enmarcaba un enorme bulto debajo de sus ajustados calzoncillos que parecía crecer mientras lo veía.
-Te gusta?- Me preguntó.
-Mucho, estoy impresionado-.
-Me gusta tu cuerpo, delgado. Y me gusta que seas alto.
-Gracias, pero no creo que me pueda comparar contigo.
-Es diferente- Dijo esto apretando mis glúteos y sonriendo.
Después de esto bajó mis pantalones y sacó lo que había estado esperando salir, masajeó un rato mi pene para después meterlo en su boca, acercó su cuerpo al mío y sólo pude limitarme a disfrutar y tocar sus hombros y su amplísima espalda. Al poco rato no me pude contener, le avisé que estaba a punto de venirme, y traté de apartar su cabeza para que no se llevara una desagradable sorpresa al encontrarse con litros de semen que estaba provocando salir. Gimió, por lo que entendí que estaba de acuerdo en tragarlo, yo no lo haría pero me calentó la idea de saber que eyacularía en su garganta. Entonces pasó, una descarga por todo mi cuerpo casi me deja inconsciente, el calor me invadió y las contracciones provocaron que mi cuerpo se doblara, dejando salir una cantidad impresionante de leche. Él volvió a gemir, era evidente que lo disfrutaba y no dejó de tragar, pude ver que sus mejillas se inflaron, como si no pudiera guardar lo que salía de mí, pero no vi salir una gota por su boca, todo lo tragó.
Al terminar mi orgasmo, hizo una pausa en sus movimientos y gimió con fuerza, pude ver las venas saltar por todo su cuerpo a través de la ropa, con mi pieza todavía dentro de su boca apretó mi cuerpo contra el suyo y me pareció ver que se levantaba. En realidad no se movió de donde estaba, era su espalda la que se levantaba, parecía estar creciendo y definiéndose cada vez más, aparte de su espalda, lo único que podía ver eran sus hombros, que parecían estarse inflando también, no lo creí, era seguro el mareo por el impresionante orgasmo que acababa de tener, pero cuando se apartó de mí pude ver que su pecho estaba creciendo, y entonces estaba convencido de que lo que veía era real; sus músculos se volvían más grandes y definidos.
-Tócalos!- Exclamó mientras me jalaba de los brazos.
No pude creer que pasara, mi semen lo hacía crecer rápidamente, pude ver sus brazos duplicando su tamaño, sus pectorales saliendo cada vez más de su cuerpo, sus pezones también crecían y los músculos los empujaban hacia abajo, su abdomen que antes no había notado conformaba ahora una pared de ladrillo, que se podía ver debajo de la ropa. Llegó el momento en el que su p_layer_a no pudo más, y se reventaba por partes, primero las mangas que se separaban para abrir paso a sus hombros. Más tarde su pecho empujó lo que quedaba de tela, dejando sólo trapos desgarrados sobre él. Su ropa interior parecía lastimarlo, su paquete era ahora inmenso y pude notar cada detalle de sus genitales a través de ella, entonces comenzó a tener una erección que terminó por romper sus calzoncillos y entonces pude ver una pieza de carne crecer junto con su cuerpo, calculo que medía lo mismo que mi antebrazo y era igual de gruesa. Él gritó con fuerza, sin importarle si había gente cerca pude notar que sentía placer por lo que le pasaba. Hasta ese momento decidí tocar sus músculos y percatarme de su nuevo físico con todos los sentidos, fue una sensación cálida y que me provocó una nueva erección. Me tomó por los hombros y me acercó a su torso si el mínimo esfuerzo, mis piernas quedaron rodeando su nueva herramienta, igual de dura que su cuerpo, después sentí que se levantaba hacia mi espalda, estaba húmeda, lubricando por la excitación y debo decir que era una sensación agradable detrás de mí, no esperaba que me penetrara, era imposible y además no disfruto haciéndolo, pero me llenó de placer el simple hecho de sentirlo cerca en combinación con la imagen que veía frente a mí, sus brazos reflejando una fuerza que no podían guardar más.
Decidí que era momento de regresar el favor y como pude me esmeré por darle placer al tronco que se levantaba desde su entrepierna, lubricado por sí mismo y tan grueso que creí que mis manos no serían suficientes para complacerlo. Al parecer estaba equivocado y con cada movimiento su cara parecía llenarse de placer y hacía que la imagen de hombre maduro desapareciera, dejándolo ver cada vez más joven y bello. Quise tocar su cuerpo de nuevo, esta vez con más detenimiento, empecé por su cuello, grueso y sólido como el concreto; mis manos ahora estaban sobre sus hombros, más separados uno del otro que antes, más grandes, más duros. Bajé por sus brazos, sintiendo venas que antes no estaban, las fibras de sus músculos se notaban ahora, también podía sentirlas, cada una por separado, formaban los brazos más grandes que jamás vi. Sus antebrazos eran aún más vasculares, latían por el placer que sentían al ser tocados. Recorrí también su abdomen, pasando los dedos entre él y sintiendo cómo los atrapaba con su respiración, cuando subía hacia su pecho me detuvo y volvió a levantarme hacia él, ahora mi pene estaba entre sus pectorales que lo apretaban dándome un placer inimaginable hasta ese momento. Yo no tenía que moverme, él y sus músculos hacían todo el trabajo, mi pene atrapado entre sus pectorales no podía más que sentir placer, volvía a eyacular, no como antes pero con suficiente fuerza para cubrir su cara con semen, gimió de nuevo y vi sus músculos tensarse, estaba a punto de venirse. Me dejo en el piso nuevamente y con sus gigantes manos tocó su enorme pieza para que llegara el momento. Dejó salir un grito tan excitante como lo que estaba viendo, escurría de su pene un espeso líquido transparente que brillaba en sus manos, ayudé a masajearlo y en cuanto sintió mis manos comenzó a lanzar litros de semen con las contracciones de su orgasmo, la primera me cubrió el pecho, era un olor agradable, la segunda descarga cayó sobre la pared detrás de mí, a metro y medio, era increíble la fuerza con la que eyaculaba, una vez más lanzó su leche y calló sobre mi abdomen, ahora estaba cubierto de él, lo solté y su pene apuntaba hacia arriba, seguía eyaculando y los chorros casi alcanzaban el techo, pero terminaban cayendo sobre su pecho que ya estaba lubricado, cayó también sobre su boca y lo saboreó, no parecía que fuera a terminar de venirse, yo me deleité con el espectáculo y no podía dejar de ver sus músculos enrojecidos e hinchados, dejando ver el placer que sentía aquella bestia. Cuando por fin terminó, la habitación estaba cubierta de su semilla, él estaba agotado pero sus músculos se seguían viendo fuertes.
En ese momento se abrió la puerta y apareció Miguel, el instructor, no me importó qué pensaría de nosotros, estaba más que satisfecho por lo que había sucedido y no necesitaba más. Pero Miguel no se veía inquieto, se dirigió hacia aquel hombre y tocando su enorme brazo dijo:
-Hoy avanzaste mucho, felicidades.
Me miró y sonrió, por primera vez en ese día, cuando había sido tan frío antes. Salió de la habitación y detrás de él, yo.
A la mañana siguiente volví, no podía regresar por la tarde y enfrentarme a las incómodas secuelas de lo que había pasado. Vi que el instructor no estaba, así que empecé con el calentamiento, unos minutos después lo vi salir de los vestidores, parecía estar sudando y definitivamente su cuerpo parecía más grande que el día anterior. Se acercó a mí y me saludó amablemente como antes, me indicó lo que seguiría en mi rutina y se retiró.

E. Torres.
 
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Re: Regresando al Gym 1 Año, 9 Meses ago  
Muy buena historia! muy buenas descripciones. Me gustaría ver más descripciones de fuerza física
 
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